Primeramente hemos de hacer la distinción entre estos dos servicios que habitualmente los clientes particulares no tienen muy claro.

   El abrillantado es el servicio que habitualmente demanda las empresas constructoras para dar brillo en las obras de nueva construcción y después del pulimentado, claro está. Este abrillantado está siempre incluido en los presupuestos  de obra  por dos razones fundamentales, la necesidad de cubrir o tapar el poro de un suelo recién pulimentado, ya que estos suelos quedan expuestos a la absorción inmediata de manchas, y por supuesto, a la estética de no entregar las llaves a los nuevos propietarios en el caso de una construcción de viviendas, con una solería mate y desprovista de tono.

   Aún así, el brillo que muestra un suelo abrillantado resulta ser aunque vistoso, de un tipo ceroso y resbaladizo, ya que básicamente se trata de la aplicación superficial de cera industrial sobre el pavimento, ofreciendo una película de brillo muy susceptible a marcar señales a su paso, siendo sus mayores ventajas su poder de protección y el precio de su aplicación, por tratarse de un trabajo de ejecución rápida y sin mayores dificultades.

    El cristalizado por el contrario, necesita de una aplicación más lenta y delimitada por espacios  pequeños, lo que indudablemente lo hacen más caro, ya que por otra parte no se trata de poner cera sobre el pavimento como en el caso anterior. Aquí la película de brillo se crea en el poro cuando se cristalizan por medio de fricción los elementos químicos que componen el líquido cristalizador en contacto con el material cálcico de la piedra, ofreciendo de esta forma un brillo  más profesional que se manifiesta de un modo nítido, cristalino y antideslizante,  así como un paso libre de marcas y una mayor resistencia al desgaste. Es el cristalizado por tanto, el  tratamiento que necesita aplicarse para completar el trabajo de aquellas solerías que solo han sido abrillantadas.